ara Manuel Gamio, considerado el padre de la arqueología moderna en México y uno de los principales ideólogos del indigenismo latinoamericano del siglo XX, la investigación científica debía mejorar la calidad de vida de la población que fuera objeto de estudio: “ya que población y territorio son entidades íntimamente ligadas y dependientes una de otra, en casi todos sus aspectos y características, [es preciso] conocer integralmente a ambas a fin de poder mejorar las condiciones de vida, tanto materiales como abstractas de la [población]*”.

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Del presupuesto marginal para cultura, la partida más baja es para estos rubros, añade Ignacio Bonilla, integrante del SCM

 

El bajo o nulo presupuesto a las instituciones culturales y a la salvaguarda del patrimonio reconocido a nivel mundial como pueden ser zonas arqueológicas en el occidente del país o el paisaje agavero, contradicen el discurso oficial de apoyo a lo popular. Ésa fue una de las ideas que se discutió en el segundo día del XV Coloquio Nacional “Los rostros de la desigualdad”, organizado por el Seminario de Cultura Mexicana (SCM).

 

Uno de los casos expuestos se refirió a la diosa de la fertilidad de Chupícuaro, en el municipio de Acámbaro, Guanajuato, imagen del Museo Quai Branly, Francia, y que en México es una cultura desconocida por la poca difusión, además de vulnerable por constantes saqueos.

 

Fidel Sierra Pérez, miembro de la corresponsalía del SCM de Acámbaro, narró que en 1949 fue presentada oficialmente por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la cultura chupícuaro, que data del periodo preclásico: 300 a.C. al 400 d.C., y que se traduce como “lugar de cielo azul”.

 

“Se destacan sus colores ocres: rojizo quemado, crema, negro y, en menor proporción, el azul cielo. La figura más emblemática es la diosa de la fertilidad, es una figura hueca y con gran calidad de detalles, con motivos sagrados y su decoración está basada en la geometría sagrada de chacana o escalera al cielo”, comentó.

 

Sin embargo, la primera carencia notable de esta cultura es la falta de información a nivel nacional.

 

“Estas figuras se siguen encontrando y son valoradas en el mercado negro, están expuestas al saqueo que aún continua al día de hoy y su protección es nula. A pesar de existir dos museos con enfoque a la cultura chupícuaro, la cantidad de piezas exhibidas es muy pobre, además se requiere de más difusión y conocimiento”, indicó Sierra Pérez.

 

Una solución, dijo, es enriquecer los museos con convocatorias de peticiones de piezas privadas, solicitar al gobierno municipal y gubernamental la gestión de piezas almacenadas y también, a nivel nacional, al Museo Nacional de Antropología.

 

Actualmente conozco que hay investigaciones por parte de Francia pero no tenemos conocimiento de lo que obtienen, entiendo porque se puede dar al saqueo. El apoyo gubernamental es de apoyo moral en todos los niveles.

 

Al respecto, la cronista Ángeles González Gamio, enfatizó que la diosa de la fertilidad de Chupícuaro “de verdad que aquí nadie conoce esta cultura” y es el símbolo de uno de los museos más importantes de París.

 

“El Quai Branly muestra todas las culturas del mundo y el símbolo de ese museo es esa diosa que aquí desconocemos, por eso es importante la labor de este coloquio para difundir estos conocimientos”, dijo.

 

En su participación, Ignacio Bonilla, de la corresponsalía del SCM en Guadalajara, expuso que aún en pleno siglo XXI muchos mexicanos califican a los pueblos indígenas como la vergüenza nacional y el gobierno ubica a las culturas populares en la orilla del presupuesto.

 

“Dentro de presupuesto marginal de las dependencias culturales federales y estatales, la partida presupuestaria más baja es para las culturas populares e indígenas. El indigenismo y la cultura popular siguen siendo para el gobierno un tema secundario”, comentó.

 

Como ejemplo puso al patrimonio cultural de la humanidad de Jalisco: el Hospicio Cabañas, el paisaje agavero, una parte del Camino Real Tierra Adentro, el mariachi, la Romería de Zapopan y la charrería.

 

“Éstos se han gestado en la cultura popular, sin embargo, ninguna de estas manifestaciones tiene asignado presupuesto gubernamental ni de Jalisco y es sucede con las expresiones de casi todo México, lo que contradice el discurso oficial de apoyo a lo popular”, indicó.

 

La misión del gobierno sólo es proteger y alentar, el gobierno no crea tradiciones, por decreto ni las modifica y menos las extingue, sólo contribuye a la salvaguarda del patrimonio en la medida en que el pueblo quiera, añadió.

 

EN RIESGO ARTE POPULAR.

 

De la corresponsalía de San Miguel de Allende, Eduardo Berrocal López, dedicó su ponencia a los cambios sociales y cómo las acciones humanas colocan en peligro permanentemente al arte popular y a las artesanías.

 

“Por ejemplo, el carey que sigue en veda, el caracol púrpura que una compañía japonesa se fue a la costa oaxaqueña a explotarlos sin más y un presidente municipal les dio la autorización de sacarlo de su hábitat sin el conocimiento tradicional que tienen los tintoreros porque los tiraban después de exprimirles el tinte, pero lo que se hace es colocarlo entre las rocas porque vuelven a nacer”.

 

Otros elementos en riesgo son la seda criolla, el plomo, el papel amate.

 

A la artesanía se le usa como el nopal: sólo cuando tiene tunas se le voltea a ver para quedar bien, para regalar lo mexicano o para lucir en el extranjero.