La escritora habla de su reciente novela Todo sobre nosotras, donde hurga en los proyectos de vida de cuatro amigas 30 años después. “La literatura es la mejor manera de aproximarte a la hondura de las personas, a lo que en verdad nos pasa, de ponerlo en juego, en comunicación”, explica.

 

En la ausencia, el tiempo y la distancia se acumulan y convierten a las personas en proyectos interesantes por descubrir, pero ¿qué pasa con ese tiempo y la amistad cuando te vuelves a encontrar con tus amigas después de 30 años?, eso es lo que plantea la novela Todo sobre nosotras, señaló la autora Mónica Lavín en entrevista con Crónica.

 

“La literatura es la mejor manera de aproximarte a la hondura de las personas, a lo que en verdad nos pasa, de ponerlo en juego, en comunicación. Ésta es una novela de un viaje que no es movimiento, sino pausa, es un libro de introspección, de quietud para observar el paso del tiempo. Es la historia de los que ya crecieron, quienes ya tomaron decisiones, pero que no se les ha acabado la vida porque aún tienen horizontes. Es un manifesto generacional”.

 

Lavín explicó que es una novela que exalta la amistad entre cuatro mujeres de 60 años: Alejandra, Carla, Nuria y Renata, a pesar de que la última de ellas falleció y que el resto no se han visto durante  muchos años.

 

“La amistad es un círculo pequeño de quienes te han acompañado y con quienes se ha compartido el peso del mundo, además, existe una honda fidelidad y sinceridad. Ahora, en tiempo de prisas, la amistad es una relación descuidada, que necesita pausas, además, en el sentido de comunicación multitudinario que tenemos hoy en día, nos roba tiempo y nos vacía porque hay que atenderlo y es falto de sinceridad al tener que ser políticamente correcto”.

 

Los amigos son los que eliges, agregó, no hay ningún otro vínculo más que la elección realizada mutuamente y que se basa en que apreciamos las virtudes del otro y deseamos compartirlas, así como estar ellas. “Es un intercambio no intelectual ni elaborado que requiere constancia, pero que a pesar de la inconstancia, vive”.

 

Además, en Todo sobre ellas existe una complicidad femenina porque es lo que son y tienen conversaciones del mundo en torno al cuerpo que habitan, la maternidad, la vanidad, la vejez, de lo sensual y del sexo. “Entre ellas se sostienen, crean una red que les permite ir transitando por la vida y en todos los agujeros que representa”.

 

Por ello, la muerte de Renata es difícil, ninguna de ellas ha querido enfrentar la pérdida. “El desprendimiento de Renata es la manera de como Nuria, Carla y Alejandra acomodan el pasado, el dolor, las personas que han sido y las que son. Para ellas, realizar un viaje a Portugal, reencontrarse y celebrar sus cumpleaños, es una pausa en el tiempo en la que además se enfrentan a la noticia de que viene Inés, la hija de su amiga que falleció en el sismo del 85 y cuyo recuerdo ha sido un fantasma durante su estancia. Entonces comienzan a cuestionarse sobre cómo acomodan lo que sabían o no de ella”.

 

“Uno siempre tiene que elaborar las pérdidas, sobre todo de tus contemporáneos, porque es otro tipo de dolor, te enfrenta a tu fragilidad, al hecho de que la muerte siempre pende como una posibilidad y que no te imaginas que ninguna de las personas que sale en la foto de la secundaria va a faltar, ¿por qué faltaría una? no debería, no todavía”.

 

Cuando muere una contemporánea, explicó, muere un modo de vivir, compartir y estar, explicó. “En la medida que se van perdiendo los elementos de una generación, se va quedando vacía una manera de ver el mundo, por eso la importancia de los libros o la música, porque son una manera de estar, de agarrarte de tu tiempo. Yo tenía necesidad de recuperar esa manera de estar en el mundo, de entenderlo y responder a él”.

 

Traté de recordar cómo eran los mundos de mis amigas en mi generación, explicó. “En la escuela todas éramos iguales, pero en nuestras casas había mundos diferentes que sólo alcanzabas una vez que ibas a tocar a su puerta, después esos mundos tienen un claro peso en cada una de nosotras. Las familias son mundos y  cuando estás en un grupo escolar, la amistad hace que no importen, lo que importa es cómo te llevas, cómo juegas, cómo compartes”

 

“Habla de lo que guió a la generación del 55, la mía,  y de cuál es el canto de las sirenas que seguimos, quiénes queríamos ser, las ideas que había de las mujeres, de ellas mismas, de sus madres, y hasta de sus hijas”.

 

La necesitad de la historia, puntualizó, me llevó a tener que definir cuatro mujeres muy distintas entre sí porque tienen tantas cosas en común del pasado que tiene que haber diferencias claras que hagan que el intercambio de todo, de emociones, ideas y dudas,  nos lleven a conocer las diferentes maneras de ver el mundo.

 

“Ninguna es nadie  pero todas han tenido que ir renunciando, aceptando y tomando decisiones en la vida, sabiendo que eso va tejiendo una senda, un hilo, pero que hay un tejido que nos sostiene y que nos permite vernos a nosotras mismas y acompañarnos, las contemporáneas”.