Una de las aspiraciones naturales del ser humano ha sido buscar, tener y conservar el poder y en la política no es la excepción, ya que ésta es una actividad que sirve para resolver los problemas de una sociedad a través de un gobierno, pero que requiere de vocación y amplia preparación para ejercerla.

 

En Latinoamérica y en México, la política es una profesión que existe en todo lugar y momento, asimismo, es una “jugosa” industria que genera año con año miles de empleos (directos e indirectos) y millones de pesos (o dólares) en ganancias.

 

Lo negativo

 

Por desgracia, su esencia se ha degrado, pues ofrece “malos incentivos”, por ejemplo, la facilidad operativa y legal para hacer negocios, mínima rendición de cuentas, autoridad para manipular el aparato de justicia local y lo más importante para quien delinque: impunidad.

 

En cada elección (local o federal), los partidos postulan a personas con poca o nula experiencia, con señalamientos graves, con historial de demandas, con vínculos muy cercanos a su predecesor(a) o quizá, con un proceso interno desaseado a cuestas.

 

Sin duda, la política actual da más “beneficios” para los que ingresan a ella, pero también, se vislumbra un escenario donde lo anterior podría cambiar, al menos parcialmente y de paso, reconfigurar la realidad en determinada región, entidad o país.

 

Primer problema

 

Los casos de inseguridad y corrupción que padece México se complementan con la crisis sanitaria y económica, un conjunto de adversidades que son casi imposibles de solucionar en lo inmediato para cualquier orden de gobierno del color que sea.

 

Aquellos que pretendan dirigir los destinos de una comunidad deben saber que la violencia y el crimen organizado se expanden a un ritmo acelerado con respecto a la década pasada. Muchas veces, la negociación con los maleantes es la única salida para cualquier autoridad que tiene una “fuerza” policial de menos de 10 elementos.

 

En municipios más grandes, el narcotráfico suele infiltrarse en la policía y sus mandos superiores, para después proceder a tomar el control de la plaza. Ahí, el número de uniformados es mayor y mejor equipados, sin embargo, su radio de acción y capacidad de fuego siempre serán inferiores.

 

Segundo problema

 

La corrupción, además de costar anualmente entre el 5 y 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país (según los cálculos de la Secretaría de la Función Pública) es, paradójicamente, la principal causa por la cual algunos políticos en México son perseguidos y a veces, detenidos.

 

Hoy, en la transición una persona que llega al trono puede investigar, casi de forma inmediata, a quien lo antecedió en el cargo y más si provino de un instituto político diferente. Para que el plan salga a la perfección, el congreso local y el órgano auditor (o su equivalente) forman la “pinza” que termina por cerrarle el paso a alguien.

 

Tercer problema

 

En materia de salud, es muy probable que al finalizar la pandemia causada por el Covid-19, la red hospitalaria de todos los estados de la República enfrente la escasez de recursos económicos, humanos y materiales que le permitan brindar servicios de calidad.

 

Mientras el IMSS y el ISSSTE tratarán de reestructurarse, la realidad para las entidades federativas será distinta, ya que la mayoría se encuentra endeudada y el plan de austeridad impulsado por Andrés Manuel López Obrador, las dejará con poco margen de maniobra.

 

Cuarto problema

 

Se prevé que en 2021 la economía nacional caiga –en la mejor de las predicciones- 6 por ciento del PIB, lo cual se traducirá en baja recaudación, el cierre de miles de pequeñas empresas, así como la pérdida de millones de trabajos (formales). Las secretarías del ramo en cada demarcación tendrán la difícil tarea de atraer inversiones, mejorar su competitividad, flexibilizar sus marcos normativos, colaborar en la eficiencia del gasto público, etcétera.

 

El siguiente año se renovarán la Cámara de Diputados y varios congresos y ejecutivos locales; seguramente los políticos que ocuparán esos cargos aún alcanzarán esos “malos incentivos”, pero cada vez más gobernarán con menos poder y dinero. 

 

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