A Trump le habían advertido que podría perder las elecciones presidenciales del pasado 2020, debido no solamente a su desastroso manejo de la pandemia del Covid, pues la oligarquía binaria estadounidense se estaba reunificando en una gran alianza política opositora para expulsar el “populismo” que de manera creciente comenzaba afectar intereses (un guiño que bien podría suceder en México, al finalizar el sexenio de la pesadilla que atiende en palacio nacional).

 

Manifestantes pro Trump en el CapitolioLa maquinación de Trump, fue el diseño de un golpe de Estado institucional, basado en los modelos clásicos del golpe de Estado de Maduro en Venezuela, Mussolini en Italia, Hitler en Alemania (y que bien podríamos ver en unos años en México, con algunos atisbos de los que hace gala el flamante presidente).

 

La secuencia de operaciones del plan descansaba sobre tres ejes:

 

  1. El descrédito público sistemático del proceso electoral, aprovechando su naturaleza clasista profundamente antidemocrática y plutocrática.

 

  1. La obstrucción sistemática de la “transición pacífica” del poder en caso de perder el voto popular.

 

  1. La transformación de la democracia formal liberal en un régimen absolutista de tipo Maduro en Venezuela, si su golpe triunfaba.

 

El análisis de esta operación puede ser resumida, en que  D.Trump, no entendió que el resultado de su derrota, radica en la ignorancia que el uso de las fuerzas armadas son el último recurso decisor de toda transformación social.

 

Las 7 caidas del golpe: 3 de noviembre

 

El primer golpe fue la votación popular que neutralizó la pretendida deslegitimación del proceso electoral. Esta fue de junio 2020 hasta el 3 de noviembre, se basó en las mentiras de D. Trump, que la votación por correo no era confiable: que se trataba de un intento demócrata para “robar las elecciones”. En julio, junto con el Postmaster General Luis Dejoy, uno de los contribuyentes principales a su campaña electoral de Trump, trató de subvertir la logística del servicio postal para privar a los votantes de sus derechos electorales. Este sabotaje fue neutralizado en agosto por la opinión pública y la resistencia de los demócratas.

 

Ante el revés sufrido, Trump arrecia su propaganda anti-electoral, negándose en público (sept. 23) a garantizar la “transferencia pacífica del poder” a Joe Biden, en caso de su derrota. Esta fue su primera advertencia pública de que estaba dispuesto a usurpar el poder según el paradigma de  los dictadores como Maduro, Mussolini y Hitler.

 

El lugar  seguro: 8 de diciembre

 

El segundo golpe de Trump se produjo el 8 de diciembre, el día del safe harbor, como es conocido en el discurso político constitucional estadounidense. El “puerto seguro” se refiere a la fecha límite que tienen los Estados para certificar oficialmente los resultados definitivos del voto popular. Pese a los persistentes intentos de D.Trump de coaccionar a los funcionarios electorales estatales para desconocer el triunfo de Joe Biden, no logró su objetivo. Salvo Wisconsin, pendiente de una querella judicial de D. Trump, todos los estados cumplieron con la fecha y certificaron, que Joe Biden había ganado el sufragio con una mayoría de 7 millones de votos. Wisconsin lo confirmó pocos días después.

 

La Corte Suprema: 11 de diciembre

 

Ante el nuevo (tercer) revés, D.Trump movilizó a su falange golpista para revertir la voluntad popular mediante la Corte Suprema. Su esperanza era alta, porque seis de sus nueve miembros son “conservadores” (reaccionarios), con tres de ellos nombrados por Trump mismo. La demanda presentada por el estado de Texas y apoyada por 18 fiscales generales estatales republicanos, 106 miembros republicanos del Congreso y la Casa Blanca, solicitaba invalidar los resultados electorales en los swing states de Georgia, Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, antes de que sesionará el Colegio Electoral, el 14 de diciembre.

 

El 11 de diciembre, la Corte Suprema rechazó unánimemente la moción de Texas por falta de méritos constitucionales: “The State of Texas’s motion…is denied for lack of standing under Article III of the Constitution. Texas has not demonstrated a judicially cognizable interest in the manner in which another State conducts its elections. All other pending motions are dismissed as moot.“

 

El brusco rechazo del Supreme Court dejó claro que las desesperadas demandas legales de Trump no tenían posibilidad alguna de anular los resultados electorales vía el sistema judicial. Trump dirigió, entonces, sus esfuerzos hacia el Electoral College, que en 2016 le había permitido usurpar anti democráticamente la presidencia.

 

El Colegio Electoral: 14 de diciembre

 

En 2016, pese al apoyo del director de la policía política del régimen (FBI), James Comey, Trump perdió el sufragio popular con más de tres millones de votos frente a Hillary Clinton. ¿Con qué pirotécnica electoral se logró convertir, entonces, al perdedor de las elecciones nacionales en el ganador de la Casa Blanca? La respuesta es evidente: el régimen oligárquico, que durante 240 años no ha permitido a los ciudadanos elegir directamente al presidente, que ellos quieran. El mecanismo de élite y clasista de la voluntad popular usado se llama Electoral College: una institución feudal-oligárquica de 538 honorables seleccionados esencialmente por las elites supremas de los dos partidos, que escoge al futuro presidente. Su función es, como sentenciaba el primer Chief Justice del Supreme Court, el esclavista John Jay, nombrado a su cargo por el primer presidente estadounidense, el esclavista George Washington, “mantener la chusma a raya”. Fear of “mob rule” este es el ADN del sistema que hizo nacer históricamente al Colegio Electoral y D. Trump se benefició de ese ADN en 2016, cuando, pese a su derrota por tres millones de votos populares, obtuvo 306 votos de esta logia oficialista contra los 232 de Hilary Clinton.      

          

Sin embargo, el “milagro” electoral de 2016 no se repitió. Los electores escogieron a Joe Biden presidente-electo para 2021-2024, con 306 votos en favor contra 232 de  D.Trump. ¿Por qué no se repitió el fraude de 2016? Por dos razones: la diferencia del voto popular en favor de  Joe Biden fue mucho más grande que la de H.Clinton y las (Fuerzas Armadas) había dejado claro que no iba a aceptar una nueva manipulación del voto popular. Por eso, el Colegio Electoral, al igual que antes la Corte Suprema, no se atrevió a neutralizar el triunfo demócrata.

 

Ley marcial: golpe de Estado directo 17.12

 

Agotadas las vías del Supreme Court y del Electoral College, D.Trump recurrió al golpe de Estado abierto vía la propuesta de declarar la ley marcial en los cuatro swing states y utilizar a las Fuerzas Armadas para organizar elecciones nuevas. La interpósita persona escogida para lanzar la propuesta de este sexto intento subversivo, fue el Gral.Michael Flynn, ex Director de Inteligencia Militar (DIA) y ex Asesor de Seguridad Nacional de  D.Trump, recientemente perdonado por el presidente, quien declaró en la televisora Newsmax: “He could use… military capabilities, and he could place those in states and basically rerun an election in each of those states…”

 

La respuesta de las Fuerzas Armadas no se esperó y fue rapida y contundente, dentro de los planteamientos del ultimátum militar de la “acción colectiva” citado anteriormente. El Secretario del Ejército (McCarthy) y el Chief of Staff, James McConville, dijeron en un comunicado conjunto al día siguiente de la propuesta de Flynn/Trump, que “la Fuerza Armada de Estados Unidos no tiene ningún papel en la determinación de los resultados de una elección en Estados Unidos: there is no role for the U.S. military in determining the outcome of an American election”.

 

El Congreso y el recurso de  B.Mussolini:  el 6 de enero

 

La última (séptima) posibilidad de  D.Trump de apropiarse de las elecciones, es la sesión conjunta del Congreso el 6 de enero 2021, para contar los votos del Colegio Electoral.

 

La Constitución deja en manos del Congreso que los resultados sean definitivos antes del Día de la Inauguración, el 20 de enero. El artículo II de la Constitución establece que “El presidente del Senado, en presencia del Senado y la Cámara de Representantes, abrirá todos los certificados, y los votos serán contados”. Este es el dictamen definitivo sobre las elecciones y cada cuatro años es un simple protocolo de rutina. Pero este año, D.Trump trata de lograr que algunos de sus senadores objeten los resultados de la votación del Electoral College y que el vicepresidente Mike Pence viole la Constitución y vote contra Joe Biden.

 

La Caminata de Trump, 5/6 de enero

 

Derrotado el coup d ́etat de Trump en las seis contiendas claves, incluyendo el voto popular, la Suprema Corte y el Colegio Electoral, el derrotado golpista recurre ahora a sus habituales método mentira-chantajistas similares a los modelos de usurpación del poder del fascismo europeo: la Marcha fascista de Mussolini sobre Roma (1922) y el Putsch y la Machtergreifung (toma del poder) de Hitler. Para el 6 de enero, la falange de D. Trump está convocando a una especie de “Marcha sobre Washington”, llamada “March for Trump” y con el tema de “Stop the Steal“. Trump mismo convoca a la protesta tuiteando que será “very big” and “wild”.

 

La intervención militar, 3-6 de enero

 

Ante la insistencia golpista de D.Trump, quien ha ignorado las repetidas advertencias de los militares sobre su curso aventurero, el fin de semana el establishment militar lo advirtió por última vez que lo sacaran por la fuerza del poder, si sigue alimentando las llamas de la sedición y guerra civil.

 

Diez secretarios de la defensa estadounidenses vivos publicaron el fin de semana una carta colectiva, afirmando que las elecciones y los tiempos de protestas han terminado. Pidieron una transición pacífica y profesional de poder al nuevo gobierno y advirtieron a todo funcionario civil o militar que interfiriera con la transición institucional, que se haría responsable de sanciones penales.

 

“Con la postura de la Fuerza Armada, del Fiscal General, de la Suprema Corte y del Colegio Electoral definida, es obvio, que el golpe de Estado de Trump ha fracasado. Trump nunca entendió lo que otros canallas de la historia como Maduro, Mussolini y Hitler, sí entendieron: que ningún golpe de Estado puede ser exitoso si no cuenta con el apoyo de sectores decisivos de las Fuerzas Armadas de su propia nación.

 

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