Lo verdaderamente esencial no se ve con los ojos, se ve con el corazón.

El principito.

Antoine de Saint Exupéry

 

Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para rememorar aquellos años maravillosos cuando las principales tareas eran crecer, jugar, dormir e ir a la escuela. Seguramente usted recuerda, distinguido lector, que los años eran interminables, los meses demasiado largos, los sábados y domingos muy cortos, las noches casi no duraban, y las horas de clases eran eternas, pero…la hora de recreo no tardaba casi nada.

 

Eran aquellos tiempos en que las decisiones importantes se tomaban con un práctico: …zapatito blanco, zapatito azul. ¡!!Dime cuántos años tienes tú...!!! O bien, cuando se podían detener las cosas que se complicaban con un simple... "pido, pido..." O cuando los errores se arreglaban diciendo simplemente... “No vale, de nuevo... de nuevo...” o aquellos días extraordinarios en que tener dinero, sólo significaba poder comprarse una torta de jamón o queso de puerco que costaba $ 3.00 pesotes y un refresco   “Pato Pascual” o  una “Chaparrita” que valían 50 centavos; una bolsa de papas, un boli bien frío o una paleta de hielo de esas que costaban la fabulosa cantidad de 50 centavos a la salida de la escuela... y para salvar a todos los amigos, bastaba con un grito: "Salvación por mi y por todos mis amigos" o cuando descubríamos nuestras más ocultas habilidades o la de nuestros amigos de la infancia, no siempre con resultados tan satisfactorios y que muchas ocasiones nos llevaron a severos castigos a causa de un…¿A que no te atreves? Pero también estaba la palabra mágica  ¡El último que llegue es tonto!... que nos hacía correr como locos, casi hasta que el corazón se nos saliera del pecho; y que me dices de los globos de agua que eran la más moderna, poderosa y eficiente arma que jamás se había inventado....¡bueno¡… ya en confianza la infalible “Tachuela” que se ponía en la butaca del compañero, y porque no decirlo en la silla del maestro o de la maestra  que los hacía ponerse primero sorprendidos, luego colorados y después para que les cuento y cuidado con que diera con el autor de tan dichosa hazaña… A pero el “polvo pica pica” ese sí que era efectivo, no había poder humano que se resistiera a tal tormento, porque provocaba una comezón y unas ronchas verdaderamente de campeonato… Eran días maravillosos en que La palabra “Guerra” sólo significaba arrojarse gises, bolas de papel o cáscaras de naranja o jugar a los ligasos durante las horas libres de clase y claro el juego terminaba cuando llegaba la maestra(o)  que se erguía como tremendo juez y éramos conducidos a la presencia del director del plantel donde de inmediato se realizaba “un juicio oral” y la sentencia era  invariablemente juntar la basura, lavar los baños o llevar a los papás, y esto si qué daba miedito… Pero seguramente te acuerdas de aquellos días donde la mayor desilusión era haber sido elegido uno de  los últimos en los equipos del recreo, en la escuela, en los partidos de futbol que se organizaban en la calle, en el patio de la casa o el terreno más cercano; porque las canchas simplemente no  existían, y que me dicen de hacer un castillo, carreteras o  cualquier figura, en un montículo de arena en la que podíamos pasar horas felizmente ocupados durante toda una tarde, pero qué más da,  ahí si se cumplía aquello de “Lo importante es el juego no el juguete”.

 

Pero seguramente te acuerdas de aquellos días que caminábamos al lado de Papá o de Mamá,  por lo regular agarrados de su mano y que los veíamos grandotes, fuertes, imponentes, los más grandes del universo y que nos decían con una mirada cuando nos veían en dificultades  “Vamos hijo no tengas miedo, aquí estoy yo para cuidarte” o cuando habíamos cometido una travesura en la escuela también nos veían con una mirada tratando de decir “Ese es mi hijo”, o bien “en la casa nos arreglamos…” según el caso… Pero no todo fue dolor y sufrimiento porque también existían los estímulos y uno de ellos era ganarse un helado y ¿quién no recuerda al heladero gritando? “Helados” “Helados” o la musiquita característica que nos avisaba que ahí estaba el tesoro más preciado y sí era de chocolate mejor. ¡Ahhh¡…pero ayudar a papá en las actividades cotidianas era fenomenal, quitarle las llantas a la pequeña bicicleta ese sí que significaba un gran paso en la vida… o qué me dices del negocio del siglo,  cambiar las estampas repetidas, por aquella que desde hace tiempo buscabas para llenar la planilla y que por lo regular era de luchadores…Ya por la tarde había que ver las caricaturas de Porky y sus amigos, Tom y Jerry, Pato Donald, El correcaminos, Speedy González, y las series de televisión: Señorita Cometa, Monstruos del espacio, Mi bella genio, Hechizada, El avispón verde, el Chavo del Ocho, El Chapulin colorado.

 

Cuantas veces ponerse una camisa a modo de capa te hacía soñar,  y subido desde cualquier escalón deseabas con todas tus fuerzas poder volar como Superman, correr como el hombre nuclear, tener la pericia y habilidad del hombre araña y también tener una baticueva y un batimovil, claro el sueño de sentirse súper héroe tenía un pago que por lo regular era un regaño o un buen jalón de orejas, pues era la camisa de papá y por coincidencia era con la que iba a ir a trabajar mañana.

 

 ¡Ahhh! las niñas no podían quedarse atrás, cómo gustaban de jugar a la comidita en cazuelitas de barro compradas en el mercado el día domingo, una caja se convertía en mesa o estufa o cualquier lugar en el que se pudiera acomodar los trastes, ó bien disfrazarse con el vestido y zapatillas de mamá, utilizar sus cosméticos y su bolsa era sensacional, al terminar el juego se deseaba tener una varita mágica para dejar todo en su lugar o simplemente sentirse la Mujer Maravilla. Todas estas simples cosas nos hacían felices, no necesitábamos nada más que un balón, una muñeca y una buena imaginación, y desde luego, un par de amigos (as) con los que jugábamos todo el día.

 

Quedan muchos juegos por mencionar, muchas recuerdos por revivir, ojalá este artículo despierte en nuestra mente y nuestros corazones aquellos recuerdos de cuando fuimos niños y decir a la manera del cuento de  “El Principito” “Todas las personas  grandes han sido niños. (Pero pocas lo recuerdan)”.

 

SI PUEDES RECORDAR LA MAYORÍA DE ESTAS COSAS Y HAS SONREÍDO... ENTONCES SIGNIFICA QUE TODAVÍA QUEDA DENTRO ALGO DEL NIÑO QUE FUISTE ALGUN DÍA, ASÍ QUE, FELIZ DÍA DEL NIÑO.

 

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