Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para comentar que estamos en tiempos de pandemia en pleno siglo XXI. Desde luego, está situación divide opiniones, para algunos es un invento del gobierno que quiere desestabilizar la economía a nivel mundial; para otros representa un hecho insólito y desconcertante que, día con día, se convierte en un sueño del que ya quisiera uno despertar. Desafortunadamente, nos damos cuenta que esa pandemia que sólo era una noticia lejana se convierte en realidad cuando escuchamos que, fulano está contagiado, que un familiar de zutano tiene el virus o que perengano superó la enfermedad; o que en tal país, estado o municipio hay tantos infectados, intubados o muertos. Sin embargo, a todos nos ha cambiado la vida en todos sus aspectos.

 

A través de los años, en el territorio nacional se han presentado varios sucesos de esta índole. Al respecto, les comento que de 1520 a 1918 Tlaxcala registró varias plagas que acabaron con la vida de cientos de sus habitantes. Otras provocaron afectaciones económicas, según documentos resguardados por el Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala (AHET), dependiente de la Oficialía Mayor de Gobierno. Esta ocasión, únicamente hablaremos de la influenza de 1918.

 

Como todos escuchamos en alguna ocasión, los abuelos(as) y bisabuelos(as), en aquellas pláticas de sobremesa que se acostumbraban tanto, y que eran exquisitas, comentaban emocionados que, a principios del siglo XX, en los años 1918 y 1919 se presentó una epidemia de influenza –también conocida como gripe española- que provocó la muerte de muchas personas en el mundo, en nuestro país, en el Estado de Tlaxcala, y claro en Zacatelco y en los pueblos circunvecinos.

 

Al respecto, la señora Aurora Carreto Díaz, comentaba que “durante la epidemia de influenza hubo algunas ocasiones que las mismas personas que acompañaban al sepelio caían muertas de forma repentina durante el trayecto”. Y agregaba “de ahí viene la costumbre de decir “JESÚS” cuando una persona estornuda, pues resulta, que de momento las personas estornudaban y caían muertas al instante”.

 

Otra persona recordaba, que siendo ella aún muy pequeña, fue testigo de que durante la epidemia fallecieron dos de sus hermanos menores; los ataúdes eran insuficientes e incluso fue necesario hacer fosas comunes para sepultar a las personas, y que a muchos sólo los envolvían en un petate y los llevaban a enterrar.

 

En Tlaxcala, los primeros casos de enfermos y defunciones se registraron en octubre de 1918, y ante ello las autoridades promovieron el aseo de casas y lugares públicos, pero también ordenaron el cierre de los templos, la clausura de centros de diversión y la suspensión de clases. En cuanto, a las medidas higiénicas se recomendó el lavado frecuente de manos,evitar el saludo de mano, conservar la distancia entre unos y otros, y la sanitización de las comunidades se hacía con creolina. Como usted verá, cien años después la historia no es tan diferente.

 

De acuerdo al Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala (AHET) hubo 6,888 fallecidos por la Influenza en el estado de Tlaxcala, siendo una de las pandemias más letales que asolaron la entidad.

 

Como en estos días, en que estamos viviendo la epidemia de COVID-19, no había vacunas, ni medicamentos que curaran la enfermedad, por lo que las autoridades eclesiásticas y los fieles católicos decidieron recurrir a la única opción que les quedaba: La fe. Así que se organizaron y decidieron sacar en procesión, por las calles de la población, a la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo que se encuentra en la iglesia de Santo Toribio Xicohtzinco. Para sorpresa de muchos, al paso de la imagen, las personas que se encontraban enfermas de influenza quedaban sanadas.

 

Al enterarse de tal acontecimiento, los feligreses católicos de pueblos aledaños solicitaron la presencia de la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo en sus comunidades; los encargados de la imagen y el párroco accedieron con agrado. Así que nuevamente la imagen salió en procesión, ahora, visitando poblaciones como Zacatelco, Axocomanitla, San Juan Huactzinco, Zacualpan y algunas más, donde para sorpresa de todos los milagros se repitieron. Desde entonces, la popularidad y veneración a la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo aumentó de forma considerable.

 

El 12 de enero de 1984 la parroquia de Santo Toribio fue elevada a santuario, por instrucciones del arzobispo de Puebla. Don Pedro Vera y Zuñiga, quien en un viaje que realizó a Tierra Santa, su barco estuvo a punto de naufragar, él se encomendó a la Preciosa Sangre de Cristo y de inmediato la embarcación salió a flote. Al llegar al Vaticano, el arzobispo le comentó al Papa Juan Pablo II lo sucedido. Él le dijo textualmente: ¿Conoces el lugar? A lo que el arzobispo respondió: “Es un pueblito de Tlaxcala que se llama Santo Toribio Xicohtzinco”. El Papa preguntó ¿Es una iglesia, templo, o que es? El arzobispo contestó: es una capilla. A lo que contestó: Bueno, a partir de hoy, vas y la elevas a santuario. Así, desde el 12 de enero de 1984, la iglesia de Santo Toribio se convirtió en santuario y se demostró que la fe mueve montañas.

 

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